domingo, noviembre 20, 2005

MISION NO CUMPLIDA



Poco queda por decir acerca de Jules Verne, creador de la Novela Geográfica, escritor científico, estudioso de las tecnologías que emergían luego de la Revolución Inglesa, la Revolución Industrial. Un hombre que alimentó mi pasión por las novelas desde mis 9 años de edad.

Su libro Viaje al Centro de la Tierra es el único que no ha sido llevado a cabo. Pero no era de temerse, pues el propio Verne "decapitó" la aventura, y los personajes de su novela fueron vomitados por un volcán sin llegar al centro. El escritor ya sabía de las enormes dificultades, conocidas e intuídas, para llevar a buen término semejante empresa.

El libro versa sobre el profesor Otto Lidenbrock, sabio mineralogista alemán, quien descubre un criptograma (Recurso literario de moda entre escritores de esa generación. E.A. Poe lo usa en varios de sus escritos, por ejemplo)escrito en latín con caracteres rúnicos, el cual, una vez descifrado, da la clave para conseguir una vía al centro de la Tierra. Narra la novela el sobrino del profesor, Axel, joven enamorado de Graüben, otra sobrina del profesor, quien empuja a un reticente Axel a la aventura bajo la promesa de, una vez coronada la empresa, casarse con él. "Vas a emprender un hermoso viaje", le dice la joven. "¡Siempre está bien que un hombre se haya distinguido por alguna empresa!" Esta relación amorosa que afianza el destino de un hombre es inusual en Verne; yo la veo más como una invitación a un hombre de condición inferior a ganarse su puesto como cortejador ante la sociedad, que como una muestra de sensibilidad hacia lo femenino de Verne.

De esta forma, profesor y sobrino marchan a Islandia, para iniciar el descenso en una chimenea del volcán Sneffels. Antes de iniciar semejante empresa, reclutan a un recolector de plumas de edredón. La paradoja verniana de atribuir un oficio banal a este personaje llamado Hans Bjelke, es una metáfora de su propia condición. Verne era ya famoso y adinerado, y personajes envidiosos, desde la oscuridad del anonimato o desde posiciones más allá del alcance del escritor, se habían dado a la tarea de banalizar su oficio, tratándolo de plagiario y de copiar ideas de otros, sin ser una novedad. En justicia he de decir que verne JAMAS pretendió ni insinuó ser un visionario, pionero ni inventor. Tomaba ideas de proyectos o máquinas ya existentes y las llevaba a una sólida y amena narración. Pero la envidia es gratis y dolorosa. Hans es un personaje estoico; nunca se queja, no reacciona con miedo ante el peligro; salva repetidas veces la vida de sus acompañantes, casi ni habla. La descripción verniana de Hans solo tiene parangón con la de Ardan, en De la Tierra a la Luna, o la de Nemo -por contraposición, pues Nemo es visto como un antihéroe- : "Un hombre de elevada estatura, vigorosamente constituido (...) Debía estar dotado de una fuerza poco común (...) . Sus ojos inteligentes eran de un purísimo color azul. Largos cabellos, que hasta en Inglaterra pasan por rubios (Los ingleses acusaban a Verne de parecer semita, cuando el era antisemita convencido. De allí el ataque), caían sobre sus hombros atléticos. Todo en él revelaba una perfecta calma, no indolente, sino tranquila. No pedía nada a nadie..." Así hable de Hans nuestro admirado Verne. Me llama mucho la atención saber que el vocablo Hans, fonéticamente, tiene acepción de "Yo".

El trío desciende por el cráter indicado y empiezan su accidentado descenso. La cantidad de alimentos a la cual el autor se refiere, difícilmente daría para más que unos pocos días, lo cual es un fallo lamentable en la novela. Una vez descendiendo, se encuentran con luz proveniente de ¡una aurora boreal! y con un océano inmenso, en el cual observan la titánica lucha entre un ictiosaurio y un plesiosaurio, descritos erróneamente por Verne, quien se ciñó a la descripción en boga para la época.

Finalmente, se describe el encuentro con mastodontes y hombres gigantes antediluvianos, como era creencia común en ese entonces. Jules Verne describe, en el clímax de la novela, con gran maestría, el avistamiento de estos mastodontes y del gigante de 12 pies de altura (casi 4 metros). Los protagonistas huyen y, en la huída, son vomitados al exterior por la erupción de otro cráter.

Falta por mencionar un personaje capital en la novela, motor ausente de cuanto en ella acontece. El lector siente su presencia, su respiración tras los protagonistas, su embrujo y obsesión, pero nunca aparece. No es más que un nombre misterioso y terrible: Akne Saknussem. Tres siglos antes, ese islandés misterioso había hecho la travesía y había regresado para contarla. Pero sus pistas se habían perdido, excepto por el criptograma y un libro apócrifo. ¿Qué fue de él? ¿llegó al Centro, como no pudieron Axel, el profesor y Hans?

En algunas fotografías del viejo Jules Verne, se me antoja ver una sonrisa contenida y unos ojos brillantes de picardía. Provoca preguntarle: "Señor Verne, ¿llegaremos algún día?"

La aventura incumplida de Verne, aún no ha comenzado.

5 comentarios:

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Maravilloso post, como todo lo que tú escribes.

Todo lo mejor para ti.

PS: Adivina de qué estaba escribiendo? Y luego dicen que el hechicero soy yo.

Nelson dijo...

Hola Solo resta que decir “guaoooo”.

Pero que bueno esta este post, el cual nos lleva de la historia a realidad, pasando por la fantasía, en tan solo un buen relato.

Te felicito esta muy bien redactado y narrado. Casi espero con ansias que se cumpla esa promesa del Viaje al Centro de la Tierra, aunque sea solo de la mano de un buen cineasta que nos reviva esas aventuras de magnitudes épicas, donde se entretejen 3 personajes junto a la remembranzas de Akne Saknussem, quien por un momento en ausencia se convierte en personaje principal.

Me gustan mucho tus escritos, Felicitaciones

Un saludo

Nelson

Hombre Lobo dijo...

Precisamente este es mi libro favorito de Verne. Quizá sea por el hecho de que siempre me ha fascinado ese concepto de los mundos subterráneos, auténtica frontera para el ser humano. Todavía me estremezco cada vez que leo El Señor de los Anillos y mis ojos pasan por aquella genial frase: "las moradas subterráneas donde habitan criaturas que ya eran viejas cuando el mundo era joven".

Dios mio, sólo pensarlo ya me provoca escalofríos, pero de los buenos.

Fedosy dijo...

¿Qué gran escritor no copia? Todos los escritores copian, todo el tiempo. Verne copiaba y convertía en ficción y en arte lo que copiaba de la ciencia y hasta de historias menores y mal contadas.

Saludos.

Ernesto dijo...

Buenísimo el post. Ameno, una invitación irresistible a todos los que no hemos leído a Verne.