lunes, noviembre 06, 2006



Apenas salió de las nubes, hizo contacto visual de nuevo.
El piloto hacía alegres cabriolas a bordo de un biplano Antonov An-2 de vibrante color amarillo. Él, a bordo de un Sea Harrier, se colocó detrás y lo apuntó con la mira electrónica hasta tenerlo fijo.
"En este momento, podría mandarte al infierno", pensó; pero no se sentía feliz por ello. Todo lo contrario.
Se olvidó durante un par de minutos que tripulaba un avión de combate y se dedicó a disfrutar las maniobras que el piloto hacía realizar a su máquina, y él le seguía de cerca, aprendiendo.
El piloto se mecía en el aire, retozaba, escribía con caracteres nuevos la alegría de volar.
Tras un rato de persecución en tan dispares modelos de aeronaves -El Sea Harrier parecido a un halcón al acecho tras un pesado pavo amarillo-, el piloto despareció sin aviso.
El chico se quitó el casco y soltó el control inalámbrico del video-juego. Por alguna causa, el piloto se había marchado.
Apagó la TV y empezó a recoger los libros y colocarlos en su mochila, disponiéndose a ir al colegio.

El padre del chico había sido un piloto de cazas en su juventud. Tras retirarse, había trabajado fumigando sembradíos en la frontera. Un día, simplemente se fue y nunca más regresó. Se consiguieron restos de su avión, con impactos de balas de cañón de 20 mm, pero ni rastro de él.
A partir de ese momento su madre se sumió en un luto de ausencia y él se dedicó a jugar en la consola con simuladores de vuelo. Fue desechando el mundo real, los balones, las pelotas, las patinetas y a sus amigos. Ahora transitaba fantasías llenas de balas, misiles, bombas y pilotos virtuales que aparecían y desaparecían, derribaban y eran derribados; hasta que apareció ese misterioso piloto.
Nunca luchaba; se dedicaba a enseñarle piruetas y maniobras desde hacía tres semanas atrás. Cuando otro piloto aparecía en radar, se desconectaba, dejando al chico solo en la batalla aérea. Jamás respondía los saludos en pantalla, pero apenas el chico se conectaba a jugar, su peculiar avión amarillo caía como una lluvia de malabares abriéndose paso entre las nubes.
Los días pasaron, y el chico, a falta de respuestas, empezó a formular preguntas inquietantes:
"¿Cómo sabe cuando me conecto a jugar cada vez? ¿Por qué no responde?".
En el juego en línea, cabía la posibildad de ir cambiando los escenarios de lucha aérea conforme se avanzaba de nivel. Con sorpresa, percatándose de lo que estaba ocurriendo, las preguntas pasaron a un segundo plano cuando descubrió un hecho inquietante: partiendo desde Canadá, donde se habían encontrado por vez primera, cada día, sin prisa, el aviador lo iba acercando ¡a casa! ¿Cómo sabía ese desconocido donde vivía él?
Un día, el chico decidió intentar comunicarse con el misterioso piloto:

Biplano amarillo: ¿quién eres, amigo?

Ni una letra en la pizarra electrónica, ni un brillo.

Amigo, favor identificarse

Nada.
El chico decidió jugarse una carta definitiva:

Si no contestas, no juego más nunca. Voy a abandonar este juego para siempre

La pizarra pareció estar en blanco siglos, mientras el chico contenía la respiración.
De pronto, letras verdes fluyeron de la pizarra.

te necesito no te vayas

¿Quién eres? Identifícate ¿Vuelas hacia mi país?


Si el piloto hubiese sacado la mano de la pantalla para estrechársela, el chico no se habría sobresaltado más.

sígueme campeón

Un año antes de morir, su padre lo había llevado en un avión de fumigación por las afueras de la ciudad. Cada vez que iba a variar la altura de vuelo o realizar una pirueta, le gritaba: "¡Sígueme, campeón!". No podía ser coincidencia.

Conociste a mi papá

Silencio.
Esperó. Nada.
Esperó. Nada.
Frustrado, dejó que el biplano se adelantara.

sígueme campeón por favor

El piloto iba ahora unos 200 km adelante.
Ya casi llegando a la frontera con su país (el chico usaba en pantalla un mapa mixto, político y físico), un tercer avión apareció en el radar.
Esta vez el piloto no apagó el juego, sino que se mantuvo en línea, cosa que no había ocurrido con anterioridad.
Con curiosidad, el chico observó que el recién aparecido aviador giraba y se dirigía hacia el biplano.
La pizarra titiló uregente, manchada de verde:

sos no llevo armamento

El chico, de pronto, sintió que la drenalina le inundaba.
Sin poder explicarlo, supo que ya todo eso no se trataba de un juego, que iba en serio.
El oxígeno, la cabina del avión -un F-22 Raptor-, el traje presurizado, todo era real. De inmediato abandonó el modo furtivo y aceleró la turbina a toda velocidad, soportando la tremenda fuerza G que amenazaba con aplastarlo contra el asiento.
En pocos segundos alcanzó a los dos aviones, uno un grueso y lento cilindro con cuatro alas haciendo lentas cabriolas, el otro un siniestro Mig 35, maniobrando como una golondrina y atacando como un azor.
En la consola, el chico preparó el sistema de misiles aire-aire Sidewinder II y liberó la traba del disparador. Con maniobras certeras, enseñadas por el piloto del biplano, cortó el ataque del Mig. Este lo siguió. El chico esperó a que su Raptor estuviera en la mira, como si de un novato se tratara y, cuando el Mig se estabilizó para disparar, el chico pasó a modalidad furtiva, tras lo cual desaceleró. El Mig, ciego, le pasó a un lado. En menos de tres segundos, lo tuvo en la mira y disparó.
La llamarada de la explosión casi alcanza el fuselaje del Raptor.

gracias hijo excelente

apareció en la pizarra tras unos segundos, en los cuales el chico abandonó la cabina del avión y se ubicó de nuevo frente a la pantalla de la TV.
No respondió.
Atónito, observó como el pesado Antonov aterrizaba en la pista allá abajo, en casa.
Soltó el control y se quitó el casco. Sin apagar la TV, se acostó boca abajo en su cama, y lloró.

El día en el cual el hombre, delgado y enérgico, apareció frente a la casa, llegó finalmente. Y el chico corrió escaleras abajo a recibirle sin preguntas, con la complicidad de un escuadrón que despegó en el pasado hacia un aeropuerto posible.

6 comentarios:

Cicindela Zida'ya dijo...

lo dicho..tu logras atrapar con tus letras...

Carlos dijo...

Cuando ses publica tu libro???

La mas seguro es que está en la calle antes que el mio!

Nos estamos viendo...

Câline dijo...

Ay Prot, me hiciste llorar...

charruita dijo...

Protheus, gracias por ser parte de Victoria´s Home en este año de vida.
Gracias por todas tus visitas.

L.A. noviembre 2006.

meganeni dijo...

hola amigo, pasando a visitarte, espero que estes chevere, un beso

protheus dijo...

Cicindela: De una gran escritora como tú, esto es un halago. No puedo tomarlo de otra forma...

Carlos: Amigo, tú sí vas a publicar, y por partida doble, cocina y blackjack.

Câline: La figura del "Padre" es portentosa para todos nosotros, para mal y para bien.

Charruíta: Gracias a tí por permitirme estar en tu casa virtual.

Meganeni: mejor imposible. un beso para tí.