miércoles, septiembre 07, 2005

SEIS LETRAS NADA MAS



Era tarde en la noche. El silencio batía su éter oscuro en los pasillos de la clínica. Cansado, frustrado, me senté en los primeros escalones de ese dragón absurdo que recorría en espiral las entrañas del edificio.

A lo lejos, las enfermeras se movían con un apuro medido.

De pronto, a mi lado, la vi. No fue una visión espectacular, mucho menos aterradora. Era más bien como si alguien familiar, pero molesto, se hubiese parado a mi lado.

-Ya es hora- me dijo en tono neutro.

Lo sabía. No quise decir una sola palabra. Lentamente me fui incorporando, mientras dejaba que la promesa del descanso disipase el nudo que empezaba a atenazar mi garganta. No pasó toda mi vida ante mis ojos. Mi último pensamiento estaba enfocado en pequeñas cosas, en esas personas que eran mi única responsabilidad e iba a abandonar. Me habría gustado ordenar en cierta forma sus vidas, advertirles.

Con cierta angustia, miré hacia la derecha. Al final del pasillo, tras una puerta cerrada, estaba Ella. No sabía si dormía ó agonizaba, no sabía si recordaría alguna vez un roce, una palabra mía. Solo quería verla una vez más.

La figura a mi lado siguió mi mirada con la suya, y me pareció sentirla vacilar. Tras un instante, señaló con una mano la puerta lejana.

-Puedes ir. Un momento nada más. No te va a doler mucho.

Mentira. Mientras mis pasos se arrastraban por el pasillo helado, mi torso parecía estar asido al puño de un gigante enojado, apretando un poco más a cada segundo.

Al fin, llegué jadeando al frente de la puerta, giré el pomo lentamente y, por una rendija, me asomé. Ella dormía inquieta en una cunita, con el rostro vuelto hacia mí. A su lado, de pie, pude ver una figura de lava y de roca, inamovible, que me dedicó una breve sonrisa, para continuar enseguida su vigilia de amor.

Hasta ese momento, todo había transcurrido con lentitud. Pero de pronto, en un vendaval, lo entendí. Después de tantos años de preguntar sin oír respuesta, tenía ante mí la razón de mis luchas, de los demonios que vencía día tras día, el por qué, el cómo y el cuándo. Y, sobre todo, el quién: ese era yo, y ningún otro.

Ahora sé que el amor espera, nunca desiste, nunca falla, no conoce venganza y la justicia es pequeña y mezquina ante él. Ahora sé que toda gran obra empieza con un sueño muy pequeño, con una ilusión, con un brazo tensado en la lucha. Ahora entiendo que, muchas de las cosas por las cuales me avergonzaba, eran las que hacían hombre de mí; muchas dificultades, absurdas en su momento, eran adiestramiento para todo el camino que tendría que recorrer, a solas, pues muchas personas pueden acompañarte, por largo o por corto tiempo; pero siempre, el camino que escoges lo recorres solo, al final.

-Me necesitan, y no puedo fallar- le indiqué a la figura a mi lado.

-Ya fallaste. Le fallaste a todos.

Callé, pues estaba en lo cierto. Pero algo me dijo que había una trampa en su voz.

-Volveré a empezar, de nuevo, sin mirar atrás.

Tras esas palabras, la figura me dejó en paz. Aunque nunca se marchó por completo. A veces la veo, cerca de mí, por las esquinas, en los pasillos. pero ya no le temo. Hago lo que tengo que hacer, aquello para lo cual estoy moldeado, como Proteus. Ella, la figura que nos acompaña desde el nacimiento, hará lo suyo.

¿Y Ella? Esa noche desoí al doctor. Con paso menudo, entré a la habitación y posé, muy suavemente, mis labios adoloridos sobre su frente. Creo que siempre, por siempre, los tendré allí.

9 comentarios:

LACARCOMA dijo...

Que difícil es no fallarle a los demás cuando la opción es fallarte a ti mismo...como no caer en su trampa?.... como recorrer el camino oscuro si le tienes miedo a la noche?

Anónimo dijo...

Te conocemos. Sabemos cuánto sufriste, no en silencio, sino con una sonrisa, animando a todos los que debíamos animarte a tí y fallamos. Tu fuerza es un faro que ahora, desde Chile, nos anima a nosotros a seguir adelante. aquí somos venezolanos de mierda, y allá, unos chilenos petulantes. espero que en Marte no se note nuestro acento.
Recuerda que Mauricio siempre te dijo que, por lo menos, esa vez estuviste más flaco que nunca, jijijiji...
Ximena.

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Y de los partos.
No somos perfectos, sería aburridísimo.
Fallar, no acertar, equivocarse. Eso, en definitiva nos hace humanos.
No nos queda otra cosa que aprender, si somos lo suficientemente acuciosos, claro está. Si no…, qué estúpidos somos o hemos sido.
No tenemos, ni poseemos, el “COPÓN DIVINO DE LA SABIDURIA”. Que a la final no sirve para un coño.
Recuerda que el Sol, esa maravilla que nos da TODO en este mundo -petulante bolita azul- tiene manchas.

Entonces, qué más da equivocarnos. Qué?

Nunca lo olvides: Todo lo mejor para ti.

Anónimo dijo...

Sí, solo con valor se afronta el miedo. Solo ante el miedo, tiene sentido la valentía. Lo demás es pantalla. Así se camina por la oscuridad cuando se le teme. "La vida es corta", dice tu blog; pero pareces haber vivido muchas.
Anita.

Edén del Vainero Psicosocial. dijo...

Hola Protheus.
Impresionante tu escrito.
El camino es muy largo. En él siempre el miedo estará presente. Cuando el camino es accidentado nos da miedo tropezar. Cuando el camino está despoblado puede llegar a parecernos una trampa.
Sin embargo, para poder saber si dimos los pasos acertados en el camino, a veces resulta imperativo fallar, y al fin, retomar el paso y hacerlo a conciencia y con corazón. Dando el verdadero valor a las cosas.
Un gran abrazo.

Anónimo dijo...

No tengo palabras para lo que narras.
Me dicen que es sobre la enfermedad de tu hija. Me hiciste llorar y pensar.
Gracias, por traer a mi mente lo mejor del ser humano; me reconcilias con mis defectos y mis anhelos. Mi eposo está enfermo, y le encantó el escrito también.
Toluca del Fin.

protheus dijo...

Gracias a todos por participar. Quería apuntar algo que no puedo dejar pasar: la foto corresponde a una escultura de más de 5 metros de altura, hecha de lava, ladrillos y piedra, por quien para mí es el mayor escultor de todos los tiempos: Giovanni Bologna. Este dios de los montes apeninos, se encuentra en la antigua residencia de los Médici, en Pratolino, si mal no recuerdo.

protheus dijo...

Perdón, la escultura es de 10 metros de altura. Y bienvenidos Toluca y Lacarcoma. Esta última, me suena familiar, por el estilo, digo.

Luzardo (AKA Procer) dijo...

La sensación de incertidumbre hace las cosas mil veces más insoportables.