martes, enero 17, 2006

FABU-LOSA

El caballero Eliseo cabalgaba al encuentro de su destino, en el ya visible pueblo de Almada. El Rey de la nación había decretado hacía casi un año que, el caballero que lograra vencer las defensas del castillo y plantar un pie en su interior, desposaría a su hija, la princesa Melinda.

A su paso, Eliseo pudo ver los restos de pretendientes anteriores; unos, calcinados, otros desollados, algunos desmembrados salvajemente por las huestes del Rey y quién sabe por cual otra cosa.

El castillo dominaba la entrada del reino. Era una mole de piedra con una torre muy alta, donde se adivinaba permanecía recluida Melinda a la espera de su futuro esposo.

Ya cerca del castillo, el caballero pudo ver a los arqueros con las flechas a punto en la tensión del arco, las catapultas cargadas con rocas esperando la orden para echar a volar su carga, las ollas gigantes de aceite hirviendo sobre la pesada puerta de acceso al castillo, hecha de barras de hierro macizo, y a cientos de guerreros con el alma en vilo y las armas en alto, cuales estandartes de la violencia que estaba a punto de iniciar.

Eliseo detuvo su montura y alzó su mano derecha, pidiendo la palabra.

Un silencio absoluto dominó al castillo y a los pueblerinos que se habían acercado a prudente distancia para observar otra masacre.

- Antes de acometer tan desigual batalla -dijo- quisiera saber si enfrento la muerte más horrenda en plácemes de algún bien mayor. A mis oidos han llegado mil historias sobre la infinita belleza que adorna a la princesa de este reino, y yo las creo.

Silencio.
Eliseo continuó:

- Sé que el Cielo dispone que la belleza del alma se vea reflejada en portentos terrenales, por ello tan solo quisiera saber si alguno que haya visto la faz de la princesa Melinda puede comunicarme acerca de su apariencia.

Un murmullo temeroso se apoderó de los aldeanos. Incluso, algunos de ellos creyeron ver al Rey, vestido de armas, asomarse majestuoso a escuchar al atrevido caballero.

- Este inusual pedimento lo tomo liberalmente, ya que corre el rumor sobre el aspecto de la princesa; dicho rumor asevera que, bien vista, podría pasar por una rústica o una cortesana. Para mí, tal afirmación, de ser cierta, bastaría para dar la grupa con mi cabalgadura y no arriesgar una cebolla en una damisela cuya belleza interna quedase negada por un físico en el cual Dios no se tomó la molestia en modelar, por ser de baja clase la materia prima, que no es otra que el alma misma. Pero si todo se tratase de una calumnia, como mi corazón me dicta, mas no el entendimiento (esa vasija vacía donde resuena el eco de la discreción), juro que luego de mermar las filas del Rey, mi futuro padre, desataré furia inclemente sobre los que así injuriaron lo más sagrado, como lo es la reputación de mi prometida. Digo.

Los momentos de tensión más grandes lo vivió el reino a continuación. En efecto, la silueta del Rey en persona era recortada por un Sol abrasador que, desde lo alto, asistía mudo al desarrollo de la historia. Solo se oia un murmullo de pasos. Los arqueros y demás guerreros miraban con un mal disimulado gesto agónico a su señor, rogando por una orden. Pero no hubo ninguna.

Lenta, pesadamente, la puerta del castillo ascendió con un prolongado quejido metálico, dejando ver una figura femenina, ricamente ataviada, mas completamente cubierta por veladuras estratégicamente colocadas. Aquel extraño personaje, el cual era -cómo no- la princesa en persona, se acercó lo suficiente a Eliseo para susurrarle:

-¿Usted dice que soy...?

-Yo digo que mi sueño te idealiza, ¡oh, princesa! Y que la fiebre me trastorna los sentidos. Esa fiebre de descubrir si es tu rostro la pintada de mi corazón o la justa remisión de las lenguas desatadas. Pero tu belleza sería suficiente para que no pudiera la muerte arrancarme el deseo de mi corazón, que no es otro que contemplar tu...

- Calla, elocuente caballero -lo atajó Melinda -, y pasa al castillo, donde develar mi rostro te dará el consuelo del alma que tu puño requiere.



Sí, así quedó registrado en la historia de los mil caballeros, como Eliseo, sin pegar un tajo, logró conquistar el reino de Almada, a través del arma más destructiva conocida en millones de años: la vanidad, empuñada por los halagos.

16 comentarios:

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Unas gotas de inteligencia, media cucharada de saber estar y unos gramos de vanidad, pueden hacer milagros.

Todo lo mejor para ti

Miss X dijo...

Jajaja... Excelente Prot!!

Mar dijo...

Buena fábula, buena la moraleja!

123 dijo...

jajaja q' tipo más inteligente & vanidoso :p
Buena historia!!!

Bye bye ;)

Nelson dijo...

Hola prohtheus, después de leer tu épico mensaje cargado de mucha narrativa descriptiva excelentemente narrado, me doy cuenta que en el fondo y muy en el fondo deja un GRAN mensaje digno de ser tomado en cuenta todos los días, mi sabio amigo.

A veces unas palabras bien dichas y llenas de sabiduría, pueden lograr más, que la fuerza desmedida de 1000 hombres.

Un abrazo cordial

Nelson

Nostalgia dijo...

caramba, usted escribe muy bien....mire que hasta dejé a un cliente esperando en el hall!
buena moraleja, doctor :)

Pagana dijo...

MMMMMmmmmmmm que aroma a leyenda... Que imágenes más... más... Como decirlo? Magestuosas... Con lo que Ud. sabe que me gustan, Protheus...
Solo puedo darle las gracias.
Saludos

Wiki dijo...

He escuchado y leído esta historia varias veces, pero nunca narrada de una manera tan especial.

Regina Falange dijo...

Exquisito el hilo conductor del relato..

Como diría el Eclesiastés, Todo es vanidad y persecusión de vientos

Un abrazo

La Hija de Zeus dijo...

Interesante, esa es el alma humana, muchas veces vanidosa.. las palabras justas, dichas de la manera correcta..
muy buena historia

Carlos dijo...

El fin justifica los medios? o Los medios justifican el fin?

o ni uno ni lo otro sino todo lo contrario.

Y al final, estaba tan buena la princesa?..... o tanto jalabolismo termino en un susto?

Carlos

Reingeniado dijo...

Y vivieron juntos y felices hasta que tuvieron una hija, para entonces, Eliseo ya era rey de Almada,yy agobiado por el futuro de la princesa, dicta un decreto donde, todos debian aprender a hablar asi, para que no se dejaran engatusar tan fácil, lo llamó cruzada Robinson!

Oh no lo pude evitar, maestro, me inclino más al sarcasmo como mecanismo de expresion literaria; y es porque no hallo manera de expresarle cuanto lo admiro sin usar palabras tan burdamente reunidas que suenen coomo uñas rasgando pizarra, depués de leer sus escritos.

Still single dijo...

Me encanto. De dónde es esa historia?

Dicson dijo...

Cualquiera diría que te inspiraste en Shrek, pero de verdad que está buena.
Sería interesante preguntarse hasta que punto todos los venezolanos hemos sido engañados por tantos políticos que con su verborrea no han hecho más que seducirnos a punta de la vanidad de prometernos tener un futuro mejor.

arcana dijo...

Hola!!
Presente...
En Carne y Huesos te deje un mesajito para ti ...
Namaste!

protheus dijo...

Soltera, Dicson, Wiki: "Nada nuevo bajo el Sol". Creía era mía la autoría. No copio, pero sé que tampoco soy un creador. "Todo está dicho; pero como nadie escucha, hay que empezar siempre de nuevo."