miércoles, octubre 26, 2016

La Verdad

La sala del juzgado estaba en penumbra, de tal manera que las sombras de los presentes reptaban por las paredes como oscuras serpientes al acecho.
No era un tribunal ordinario, ni era ese un país ordinario, por lo cual el acusado se lamentaba del día de haberlo pisado.
El Fiscal gritaba agitando sus ojos en el rostro de algún titán invisible:
- Se trata de juzgar a alguien que es peor criminal que un asesino de niños, ¡peor que un traidor a la Patria! Se trata de juzgar... Y condenar, por supuesto... a un monstruo que asevera que solo sabe y puede decir la verdad.
El Fiscal fijó sus ojos en el acusado.
- La verdad, señor, no existe. Quien pretende poseerla no solo peca de arrogancia extrema, sino de una gran arrogancia. La verdad, como ideal, es arena que se escapa entre los dedos de nuestra imperfecta humanidad. ¡Y usted pretende convencernos que este bien perfecto le pertenece!
Se sentó teatralmente.
La abogado defensora, una mujer que debería llamarse Mediana, por su contextura, rostro, edad y todo el resto de sus atributos, se levantó con mediana prisa - o calma, vaya Dios a saber - y miró con tono neutro a todos los presentes antes de empezar a hablar con voz de aeromoza.
- Ciertamente, yo también soy de la opinión que la verdad es un bien superior al cual los humanos no tenemos acceso.
Hubo un murmullo en la sala, pues todos pensaron se trataba de una confesión de culpabilidad. Pero nada más alejado de la realidad.
- Es por ello que pido la inmediata libertad de mi defendido, sin mayores consideraciones. Esto lo baso en la cierta circunstancia que ni Su Señoría, ni el Fiscal, ni ningún ciudadano puede comprobar que mi defendido, quien actualmente es juzgado por el crimen de creer poseer aptitudes a las cuales nosotros estamos negados, no es víctima de un prejuicio, y sí el perpetrador de un ilícito. La Justicia es el objeto del Derecho como la Verdad lo es de la Teología y de la Filosofía. Y, en justicia, no puede ser comprobado siquiera que mi cliente miente, pues el mismo Fiscal llamó arrogante e ignorante a quien creyese poseer la verdad, y el último de los epítetos no sirve para definir a la parte acusadora, por lo cual, al reconocer que no poseen la verdad, no pueden juzgar a mi cliente sobre un tópico por ellos desconocido. En resumen: el supuesto crimen por el cual deseaban encarcelar a mi defendido no es competencia del derecho, sino de la Filosofía y, además, lo estaríamos juzgando por un hecho del cual ninguna de las partes tenemos conocimiento, cosa inadmisible.
- Explíquese- dijo el Juez, mirando a la abogada con interés renovado.
- Todos somos ignorantes en algún tema. Reconocerlo no es delito. Creer que no se ignora puede ser el acto de mayor ignorancia que se haya visto, pero sigue sin ser un delito, pues el grado de ignorancia no supone daño ni infracción legal alguna. Si alguien de esta sala se proclamase Dios, ¿debería ser juzgado por ello? Incluso algunos podrían creerle, otros burlarse, y habría quien estudiaría el caso; pero nadie osaría a intentar procesarlo. ¿Por qué? Porque proclamarse Dios es inocuo como lo es afirmar lo contrario, que se es el Diablo. La reacción que tome la persona que pretenda ser Dios o el Diablo, o la que tomen quienes escuchen semejante despropósito, sí que podrían ser objeto del Derecho; pero nosotros no juzgamos intenciones, a menos que se acompañen de un hecho. En el caso de mi defendido, no ha ocurrido nada palpable al anunciarse como poseedor de la Verdad. Por otro lado, se pretende juzgar a alguien por conocer de algo sobre lo cual nosotros acabamos de reconocer, todos, que ignoramos.
Las horas pasaron. Dimes y diretes. Florituras, pases de torero, adornos leguleyos.
Al final de la tarde, el juez decidió soltar al acusado sin siquiera una recriminación.
Pero no pudo irse sin antes escuchar al juez que, en un susurro, le dijo:
-Amigo, hay un asunto sobre el cual quisiera consultar su... su opinión, por supuesto...

lunes, mayo 19, 2014

Desterrado

Vivir es apasionante cuando se sueña el futuro al tiempo que pisamos firme en el pasado.

De esto saben mucho los paleoantropólogos, historiadoes, sociólogos y hasta biólogos y matemáticos. El legado de nuestro pasado no solo es valioso, sino esclarecedor.

La aventura humana apenas comienza. Hace unos doscientos mil años un puñado de nuestros antepasados abandonó África; pero el planeta ya tenía cuatro mil quinientos millones de años de antigüedad.

¿Por qué esta reflexión?

La NASA y otras agencias espaciales han recortado drásticamente sus presupuestos de exploración espacial, afanados en gastos bélicos. Ahora sabemos que sí estamos solos, no porque no haya vida en otros planetas, sino porque los pacifistas sentimos que perdemos el tiempo.

En vez de detener las causas del calentamiento global, los "científicos" buscan crear una "sombrilla" de escombros entre el Sol y la Tierra para atenuar el calentamiento causado por los rayos solares. ¿Conocen los potenciales efectos negativos de tamaña osadía? ¿Le pidieron permiso a quién?

La fertilidad humana va en descenso lento pero sostenido; tanto así, que el 3% de las parejas en Francia requirió de inseminación artificial y otros métodos para tener descendencia en el 2010. Conozco un demógrafo que asegura que la Naturaleza está tomando las medidas que no debimos adoptar nosotros para controlar la explosión demográfica, la cual agotará los recursos del planeta, el cual solo puede dar cabida a nueve mil millones de humanos antes de colapsar. Pero por allí anda un ejército de especialistas en fertilidad, haciendo parir dos, tres y más hijos de una sola vez a las parejas "infértiles".

Muchos ecologistas hacen extensiva la desusada tesis del "buen salvaje" hasta los animales, y nos quieren hacer creer que, en estado natural, su existencia es paradisíaca. Allá afuera, la Naturaleza es implacable con ellos. La realidad es que nuestros primos los primates, por poner un ejemplo, tienen miles de años camino a la extinción debido a su estrategia de tener menos crías, pero mejor cuidadas, apostando porque sobrevivan gracias a estos cuidados. La extinción de algunas especies y la aparición de otras nuevas, es un proceso natural. Pero, este no es el caso de los balleneros, asesinos que, en busca de lucro, cazan ballenas sin importarles un bledo que estos animales majestuosos hayan nadado libres en los oceános millones de años antes que nosotros pusiéramos el pie en la Tierra.
La existencia humana es un breve chispazo ante los siglos y eones de existencia del Universo. Pero aquí estamos, amando menos de lo que deberíamos y odiando en exceso. Aún confinados a nuestro pequeño planeta azul, lo tratamos como a un bien desechable, odioso.
Creo que aún estamos a tiempo de ser lo que debemos ser, y no lo que hemos sido hasta ahora.   

martes, abril 01, 2014

Cuentos Blogueros II

De joven, él había cultivado la consecución de una personalidad cautivadora, magnética. Siempre había pasado desapercibido; incluso algunos de sus condiscípulos aún hoy le recordaban como caca de perro: cuando adviertes su presencia, por lo general es demasiado tarde. Pero él tenía una fuerza de voluntad -motorizada por experiencias negativas- a toda prueba.
Pronto aprendió a halagar en la medida justa, a fanfarronear con quienes creía un peldaño abajo, a hacerse la víctima para ganar lástima mejor de lo que Lassie se haría la muerta.
Y funcionaba.
¡Vaya si funcionaba!
Copió la temática y la semántica de los nuevos escritores, se mudó a la capital y, entre halagos, compadrazgos y calcos, consiguió trabajo como corrector del principal diario del país.
Joven y ambicioso, la intimidad del trabajo le permitía acariciar la pluma de los escritores de moda. La multitud de errores que debía corregirles le sacó punta a su ego, ya de por sí hipertrófico en el miedo a la caída.
Un día, abrió un blog.
Lo primero que hizo fue notificar a ciertas personas del acontecimiento.
"A los escritores cultos, para que me descubran", se decía en su delirio. "A mis amigos, para formar una mafia que se pague y se dé el vuelto; y a los serviles, quienes están por debajo de mí, para tener público."
A los pocos meses, la escritura enrevesada -obra de esculcar las letras borgianas, de espaldas a cualquier manual de estilo-, las citas célebres y el círculo culturoso de amistades de momento, fueron dando frutos. Empezó a escribir relatos cortos. Al año, intercambiaba premios entre compañeros del diario. Hasta se casó con una periodista algo mayor que él, a quien un carácter innecesariamente recio y una granítica percepción de la vida la mantenían soltera pasados los cuarenta. Inicialmente, ella fue su fanática número uno y su secuaz silente. Pero solo al principio.
Con el tiempo, su esposa se percató de la máscara con la cual se había casado. A quienes lisonjeaba, no tardaba en criticar amargamente apenas abandonaban el recinto. Sentía que los lisonjeros buscaban bañarse en el océano de su gloria, y los odiaba por eso. Maldecía en privado a los autores que copiaba, para luego escribir sobre ellos apologías rayanas en la adoración.
La esposa optó por una venganza tangencial: se hizo de varios pseudónimos blogueros, y empezó a escribirle en su blog a él con comentarios ambiguos, serios, no siempre aduladores.
Él, por su parte, y en respuesta a los comentarios de blogueros que no le rendían pleitesía, decidió llevar la escisión de su personalidad a un punto cumbre, abriendo un segundo blog, diseñado única y exclusivamente para destruír cuanto odiaba, sin percatarse que había oficializado con su segunda rúbrica en Internet, la guerra imposible de dos mentes en el campo de batalla de un solo cuerpo. Abandonó su blog inicial para atacar a todos los que odiaba, que eran demasiados. Fue bloqueado, insultado y censurado, lo cual aumentaba su resentimiento.
Los milagros son así. Hasta con la peor intención, ocurren.
En su segundo blog, a pesar de la bilis derramada, un estilo literario puro, innovador, de altura, fue naciendo. Las narraciones en tercera persona desaparecieron, fallecieron los adjetivos floridos y los verbos pasivos, así como los adverbios (la parte de la oración que modifica la calidad del escrito).
Yo mismo caí en ese, su segundo blog, por casualidad y, aún en medio de la pesada carga de dolor que arrastraba, me dejó impresionado la calidad del escritor.
Hoy puedo verlo, de regreso a su tierra natal, sentado en el pasillo de la clínica en la cual trabajo, esperando con la mirada al piso por su turno en el diván del psiquiatra. Sus labios se mueven narrando novelas escritas con la tinta del delirio. Solo, sin ninguna esposa que lo acompañe, sin acólitos, sin detractores.
"El genio es frágil en la misma medida que la ignorancia es robusta", quiero oír al pasar a su lado.

jueves, noviembre 29, 2007

Figaro y el Poder

El poder establecido a veces se avizora inmenso, se percibe indestructible y eterno. Sobre todo el poder que se nutre del mayor temor: la capacidad de causarnos dolor, bruto y desnudo.

La historia de la humanidad está plagada de ejemplos, y todos los poderosos y su reino han quedado reucidos a nada.

Si bien Einstein colaboró, junto con Enrico Fermi y Leo Szilard a desarrollar el poderío atómico que desembocó en los infelices bombardeos a Hiroshima y Nagasaki, este trío es recordado más bien por sus contribuciones a la paz de la ciencia -el verdadero campo de los sabios- que por sus dislates atómicos. La memoria, a veces, es justa, y sabe pasearnos por el jardín debido.

En esta ocasión quiero referirme a la forma sutil, imperceptible, que marca el inicio de la espiral descendente de la tiranía. Y la comparación que hago con un trayecto en espiral no es fortuita: Mientras van en barrena, los tiranos suelen acercarse a quien los observa caer, a quienes les da la impresión que se fortalece el villano, solo por verlo de cerca cuando en realidad, va en caida libre.

Podría, y me siento tentado a ello, dar algún ejemplo actual, pero tengo dos desventajas. Primera, que no puedo relatar el final, pues la espiral aún no se detiene. Segunda, que mi espíritu deciminónico me hala hacia otros prados.

Allá voy.









Existe un personaje histórico al cual no lo podría concebir ni la más delirante de las fantasías:
Pierre-Agustin de Beaumarchais, quien, entre tantas correrías y aventuras que ni Marco Polo pudo igualar, compuso, a finales del siglo XVIII, un trío de obras de teatro protagonizadas por un tal Fígaro. El contenido de sus obras era tan inaceptable para las monarquías que, en Francia, su país, tardó cuatro años en conseguir estrenar la primera, con un despótico Luis XVI y sus sabuesos al acecho.

El genial compositor Mozart, siguiendo las tendencias de la época, y en base a un libreto de Lorenzo da Ponte, da vida al personaje de Beaumarchais en su ópera bufa, Le Nozze di Figaro.

Los aires revolucionarios se olían por doquier, con los francmasones como sociedad secreta y conspiradora. El emperador José II de Habsburgo había prohibido la comedia, por considerarla sediciosa y -en efecto lo era- una burla contra la monarquía.

Mozart y Ponte tuvieron que censurar un acto completo y muchos diálogos de Las Bodas de Fígaro. Pero los censores siempre son de ánimo febril y cortos de mente, y una pequeña frase se coló y bastó para encender la mecha de la rebelión contra la tiranía.

En la obra, cuando el conde de Almaviva pretende ejercer su derecho de
pernada sobre Susana, la novia de Fígaro, y este, personificado por un barítono, replica (En italiano en el original de la obra): "Conde, condesito, podéis ir a bailar, pero yo tocaré la tonada..." , el público prorrumpía en vítores y consignas antimonárquicas.

La censura había actuado contra la obra de Beaumarchais, la cual era más explícita: "No, señor conde, no podréis poseerla, aunque sois un gran señor, porque os creéis un genio. ¡Nobleza, riqueza, honores, poder! ¡Orgullo del hombre! ¿Qué habéis hecho para merecer semejantes privilegios? Tomarte la molestia de haber nacido, apenas."

Tres años después de la famosa aria de Mozart, estalló la Revolución Francesa.

No quiero decir con todo esto que la ridiculización de las monarquías en un fragmento de una ópera bufa desató las revoluciones del siglo XVIII. Sería una ligereza y una reducción de la Historia.

Pero el "Conte, contino..." fue el inicio del lento pero inexorable descenso en espiral.

domingo, noviembre 25, 2007

La Verdadera Herramienta






El inmigrante italiano Simón Rodia llega a los Estados Unidos a los doce años de edad. Durante su largo y penoso periplo hacia el Oeste, el joven Rodia, trabajando de albañil, sobrevivió el terremoto de 1906 en San Francisco. A partir de allí, cayó en un alcoholismo severo, el cual amenazaría su subsistencia. Pero superar ese obstáculo no sería el mayor reto de su vida. Le aguardaba uno más allá de toda imaginación.
Reaparece en 1921 completamente sobrio, y empieza a construir, sin razón ni concierto, y en el jardín de su casa al sur de Los Ángeles, nueve esculturas con materiales de desecho: argamasa, vidrios rotos, trozos de cerámicas, alambre de gallinero, conchas marinas y vías de ferrocarril. Muchos de los materiales eran suministrados por los niños del vecindario.
Sin mayores conocimientos formales que los de un obrero, osó alzar dos de sus torres más allá de los veinticinco metros sobre el suelo.
En 1954 concluyó las hoy llamadas Torres de Watts y, entregando las llaves a un vecino, se marchó sin mayores explicaciones.
Durante los 33 años que duró la construcción, trabajó solo: "Porque casi nunca sabía lo que estaba haciendo", declaró.

Como era de esperarse, más temprano que tarde el Departamento de Construcción de la Ciudad dictaminó que las torres eran inseguras, e intentaron derribarlas, fracasando estrepitosamente para bien de todos.

Hoy pueden verse erguidas, como un monumento a la habilidad del hombre, a su deseo de permanecer más allá de lo utilitario, gracias a la voluntad férrea que mantiene el músculo tirante cuando todo, todo, te aconseja desistir.

Salud, Simón Rodia, dondequiera te encuentres.

lunes, noviembre 19, 2007

José Saramago y Nuestra Ceguera


El libro Ensayo Sobre la Ceguera, de José Saramago, es el relato de una situación extrema: una epidemia de ceguera altamente contagiosa, la cual termina siendo la justificación para plasmar la falta de solidaridad del ser humano y la inutilidad de todos los alcances culturales y tecnológicos, lo cual nos hace encarar la ceguera final: la del retorcido egoismo.
Los puntos fuertes de la obra son el suspenso in crescendo, la sensación opresiva en la cual el autor envuelve a sus personajes (Adoradores de Barney: abstenerse de leer este libro) y el manejo psicológico impecable de nustras más bajas pasiones.
Las no pocas debilidades son: Primero, el prescindir de la mayoría de los recursos de la escritura, como son los guiones de diálogos, los puntos y aparte, las comillas, los paréntesis y un largo etcétera. El autor me parece que peca de ególatra y me lleva a una lectura innecesariamente pesada; todo por un arranque al mejor estilo del David bíblico, quien desdeñó armadura, lanza y espada por una honda para medirse contra Goliat. En mi caso, el respeto al lector debe ir antes que el ego; miren que el respeto escasea mientras el ego campea. Segundo, el narrar en tercera persona la mayor parte de las veces para luego, en algunos pasajes, echar mano de la primera persona, solo añade confusión a un texto ya de por sí pesado por la razón antes expuesta. Tercero, el no darle nombres propios a los personajes, que resulta ser una simpática novedad, termina volviéndose contra el escritor, pues todos recordaremos finalmente a la ceguera blanca, y muy pocos al Viejo de la Venda, por ejemplo.
De cualquier manera, este excelente escritor cuenta con el Premio Nóbel de Literatura 1998, patente de corso para mandar al traste con cualquier crítica, y a un sitio peor al crítico que ose tocar a estos héroes modernos investidos con la égida de un premio, una medallita, un aplauso colectivo.
Oso darle un pírrico 3 sobre 5 posibles.

lunes, noviembre 12, 2007

Noche Estrellada, de Van Gogh



Sombras y fantasmas
articulan el pueblo.
Estalla en giros,
 la fiesta en el cielo,
danza de Luna y luceros.
Pero hay algo terrible,
oculto, en el ciprés
que alza en plegaria
cada uno de sus oscuros dedos.
Sus palabras rompen
hechizado baile
de once estrellas y cortejo.
PROTHEUS.
En su juventud, Vincent Van Gogh renuncia a cualquier valor material y se dedica a evangelizar a los más pobres, convirtiéndose él mismo en una especie de mendigo cargado de fe.
¿Está su pintura posterior signada por ese misticismo?
"He aquí que he tenido otro sueño: me pareció que el sol, la luna y ONCE estrellas se postraban ante mí". Génesis, 37,9.

martes, noviembre 28, 2006

Historia Médica VIII

I

El vaho de las montañas que se desperezaban inundó los pasillos del Hospital.
Temprano, como siempre, el Médico Interno enfiló sus pasos hacia la primera sala de enfermos, acompañado por la enfermera de turno.
Allí, en una cama protegida por un mosquitero blanco, reposaba su paciente más importante: un gigante con una anomalía cromosómica - tenía un cromosoma sexual Y de más - que lo hacía superior físicamente y con una agresividad fuera de lo común.
El Médico hacía su pasantía por Cirugía Plástica y, entre otros casos menores, le habían asignado éste. Se trataba de un hombre que había degollado con un cuchillo de cocina a toda su familia y luego le había prendido fuego a la vivienda para, finalmente, intentar degollarse a sí mismo, lo cual no pudo concretar.
Verlo resultaba impactante, pues la mitad posterior de su cuerpo estaba quemada, y en su cuello podía verse una fina herida suturada que atravesaba su garganta como un ciempiés hibernando. La única vida que revelaba su rostro la aportaban sus ojos, inquietas lagunas de brea en un desierto de granito.
El Médico saludó al paciente sin obtener respuesta.

Médico y enfermera fueron retirando las gasas parafinadas que cubrían las quemaduras, para dar inicio al ritual del baño diario en la tina de quemados.
Entre ambos pasaron al paciente a una camilla y lo llevaron a un área privada, empezando a sumergirlo en la tina.

El gigante se dejó hacer, mientras su cerebro, embotado por sobredosis de calmantes oía voces lejanas que se iban materializando...

(Lasodioatodasodioatodosyquieromorirmelasvanapagartodasjuntas)

La enfermera captó la seña del doctor, quien le pedía el cepillo para retirar flictenas (ampollas); a pesar que el Médico lo hacía con sumo cuidado, el procedimiento era siempre doloroso, por lo cual el paciente estaba impregnado de opiáceos.
El Doctor empezó a restregar al paciente, con paciencia y delicadeza.

(Quientecreesparahacermedañotevoyamatar)

De pronto, con un gran chapoteo y movimientos violentos, el paciente empezó a convulsionar, tomando desprevenidos a sus curadores.
En medio de la confusión, el gigante se deslizó del borde de la tina, sin sustentación alguna, hacia el fondo. Pero, mientras se hundía, una de sus manos emergió y aferró al Médico por el cuello, quien sentía una tenaza de acero que le iba haciendo perder el conocimiento. Ni con toda la fuerza de sus brazos podía zafarse mientras era arrastrado de cabeza hacia la tina.


II


Fue necesario el concurso de dos personas más para liberar al Médico y llevar al paciente hasta su cama.
Ahora, alrededor del lecho estaban el Interno y el Jefe de Cirugía, conversando.
- Entonces, ¿no crees que haya sido adrede?
- No -respondió el Interno-, yo creo que intentó asirse de algo para no ahogarse, y se encontró con mi cuello.
El Cirujano miró al paciente, el rostro perdido, la mirada encendida.
- ¿Se siente usted bien?
Los ojos del paciente se fijaron en los del Interno, y le dijo queda pero fríamente:
- Lo sé todo sobre tí.
El Interno se sobresaltó.
-No le entiendo. Yo...
- Lo sé todo: dónde vives, el nombre de tu esposa, de tu hija, el colegio donde estudia...
Los dos Médicos parecían personajes de un museo de cera mientras el hombre continuaba su discurso.
- Todos estos días hablando mientras creía que yo dormía; pero lo estaba oyendo todo. Cuando salga de aquí, le haré una visita, Doctor. A usted, a su esposa y a su hija.
El cirujano recobró la movilidad con agilidad felina.
Sin mediar palabra, tomó una inyectadora y la clavó en la tapa de goma de un frasco que decía Insulina. Retiró del frasco 20 cc de líquido transparente.
El paciente estaba terminando una frase:
- Me voy a divertir mucho con ustedes.
- No lo creo- dijo el cirujano mientras introducía la aguja en el catéter del paciente y empujaba el émbolo de la inyectadora hasta el final, llevando varias veces la dosis letal de insulina al cuerpo del paciente.
Mientras el gigante agonizaba, el Cirujano miró al Interno, quien tenía la cara desencajada por el horror.
- Hijo, acostúmbrate. Todo Médico lleva una carga inmensa de dolor en su vida: el dolor compartido de los pacientes, el de las cosas que no nos salieron bien, el de la incomprensión de quienes nos juzgan a la ligera, el de la soledad de estos pasillos. Pero hay un dolor que no tenemos que tolerar: el de los malagradecidos.
El Cirujano pasó el brazo sobre el hombro de su alumno y se lo llevó lejos de la sala.
Afuera, en los pasillos del Hospital, el Sol barría la bruma soplando luz por doquier.


domingo, noviembre 26, 2006

Nueve Semanas y Media

Hace veinte años se estrenó esta película en mi país, con gran revuelo.
Con dos símbolos sexy del momento, Kim Basinger y Mickey Rourke, y una banda sonora de excelente factura, con un Joe Cocker raspando con voz de lija You can leave your hat on, canción que quedó grabada en mi memoria como melodía para strip-tease, pole bar incluida.
En una gesta que pretendía ser puro sexo, Jhon -yuppie de Wall Street- embarca a la vendedora de arte Elizabeth, joven divorciada, en una jornada de complacencia de los sentidos.
Pero decir que el asunto fue puro sexo necesitaría dejar el cerebro y el corazón - la mitad superior del cuerpo, pues - fuera del acto sexual. Elizabeth desea amor, compromiso, consiguiendo solo sumergirse en una vorágine de dominación con un individuo egoísta y frío.
Elizabeth tiene que decidir entre permanecer o comenzar de nuevo.




Película con fotografía esteticista a la mejor manera hollywoodense, quedó relegada al recuerdo de ciertos momentos, como las escenas con alimentos de diversa índole o la sesión de sexo en un sótano húmedo, y no por su guión.
Sin ser una obra maestra, marcó el imaginario colectivo de los ochenta.

Y tú, lector...

¿La Recuerdas?

lunes, noviembre 20, 2006

Barcos de Fuego



Tu palabra.
Mi palabra.
Y nada más.
Tal vez
somos extraños
frente a una pantalla
de mentiras y ensueño.
Tal vez
la luz se escapa,
tonada de organillero:
burla y nostalgia,
bits sin tiempo,
teclado que ya quisiera
fuese tu cuerpo.
Doblar tus palabras,
hacerme su dueño.

Así, esclavas
dirán lo que deseo.
No tengo miedo.
Es el ancla que frena todos mis anhelos:
pluma negada a las aventuras
y a su desvelo.
Pero apareces tú,
inocente y culpable,
borrando la estela que marcaba el rumbo,
guindando estrellas
de tinta,

haciendo remontar
el cometa inflamado

de mi olvidada juventud.
¡Y levo anclas,
velas henchidas en el vientre y en el pecho!
Llegaré hasta tí,
me perderé para encontrarte,
encallaré en la magia de lo posible,

promesa sin rivales,
barcos de fuego.

lunes, noviembre 13, 2006

LA OBRA MÁS GRANDE

Soy el biógrafo del más grande escritor desconocido de todos los tiempos en lengua española. Sí, ni más ni menos. Pero vamos por partes, que no juego a las hipérboles. El título del personaje puede parecer rimbombante o, cuando menos, exagerado.
Pero no lo es. ¿Cómo llamaría usted a un escritor que haya vendido más de ochenta millones de libros en nueve años bajo distintos pseudónimos? Yendo más allá: lo hizo sin una aparición en público, sin autógrafos, sin acudir a editoriales y sin anunciarse al peor estilo de los egos ciegos: "Compre el nuevo thriller del autor de 'Crónicas Alteradas'". No, nada de eso.
No lo necesitó.
Julián Rodríguez Madrid escribió cuarenta y una obras literarias, entre novelas y poemarios, usando otros tantos pseudónimos.
Llevo la mitad de mi vida siguiéndole la pista, atando cabos, comprendiéndolo, aprendiendo su metalenguaje y su filosofía de vida. Jamás usó una palabra de más, jamás una de menos. Fue un escritor quirúrgico y aséptico. Tengo la recopilación de todas sus obras, comentadas por mí, por supuesto; y además comentada por todos los literatos "educados" que analizaron su obra por separado, sin saber quién era el espíritu tras los nombres de mampostería.
Pero yo sí que lo sé.
Este hombre fuera de lo común, que estudió las letras viviendo sumergido en ellas, sin nunca contaminarse con la opinión de profesionales en el arte de agradar al cliente y no de ser instrumento de la palabra, me ha dejado, sin embargo, con una obra póstuma que viene a ser - y aquí, en el colmo de la sinrazón, he apoyado mi opinión en las bases robustas e inútiles de los más grandes escritores de la nación, quienes están atónitos con el manuscrito, y han estudiado hasta el cansancio la obra, la cual me obliga a converger con ellos, en que representa lo más puro de las letras castellanas y de cualquier idioma - la más ardua empresa que pueda tocarle a un hagiógrafo de las letras.
El libro en cuestión lo conseguí, casi perdido, en una biblioteca del centro de la ciudad, un día en el cual buscaba perezosamente artículos de periódico sobre El Hombre Feliz, el libro que creía era el último del insigne Rodríguez Madrid.
El artículo decía: "La metáfora del hombre llevada a encarar la solitaria realidad de su existencia, una mancha efímera en la página de la literatura, es abordada magistralmente...".
Soy alérgico a los adjetivos superlativos; si van seguidos de más de un adverbio, siento lástima por los lectores, y desearía colocar un anuncio encabezando el escrito donde se advierta sobe lo dañino del espécimen. Por ello, abandoné la lectura para pasearme por los pasillos cuadriculados por sombras de recuerdos, cuando mi mirada fue atraída por un libro de tapa dura, en cuyo lomo se desdibujaban letras de oro que alguna vez, quizás pudieron ser leídas. Era un tomo del color del vino tinto, puesto en ese sitio con premura, sin orden ni concierto.
¿Cómo supe que era de Julián Rodríguez Madrid? Pues, quien tiene treinta años recopilando su obra, su pensamiento y su vida, no necesita autenticadores.
Tomé el tomo sin solicitarlo y... lo robé.
No se tome este acto mío a la ligera. No solo estaba preservando una obra del nuevo fundador de las letras, sino que el azar, o su primo dictatorial el destino, habían unido a esta obra impar con la única persona que podía entregarla al mundo sin deformaciones.
Tuve que evitar el deseo de correr para llegar a mi casa. Una vez en ella, me senté a la luz de mi lamparita halógena y abrí cuidadosamente el libro.
Por supuesto que no tenía firma.
Pero ya en su primera página, supe que estaba ante la obra maestra con la cual ni el escritor más ególatra soñaría en escribir: Ante mí, tenía una página en blanco impoluto.
¡Qué maestría! Rodríguez Madrid había llevado, sin escribir una letra, a cimas insospechadas el uso del idioma. Entendió la vida que existe en los espacios en blanco, entre las letras negras y pesadas que conforman las palabras, pero que son su alma invisible, su esencia, y lo plasmó, no en una, sino en casi mil páginas de silencio y espacio infinitos.
Horas estuve contemplando esa primera, magistral hoja, viendo las sombras de los árboles que señalaban con dedos sin luz, sobre ella, sin mancillarla. La interpreté con reverencia, y me sonreí, porque yo podía construir a mi antojo letras encadenadas en oraciones que eran al mismo tiempo hechura de este biógrafo de medio pelo y del gran escritor. Yo podía escribir sin tomar la pluma, mientras él, desde la tumba, dictaba.
No desvarío. Esto le ha ocurrido a todos y a cada uno de los poetas y novelistas que han estudiado esta obra.
El autor, por fin, había logrado con este libro estar por siempre fuera del alcance de críticos mordaces, halagüeños o conocedores. Al mismo tiempo, nadie podía citarle para justificarse o engrandecerse. Había, sin mover la pluma siquiera, anulado el núcleo de todo lo que es odioso en la literatura, y abría las puertas de lo que sería el movimiento más fructífero para la lengua y el intelecto: el abstenerse de escribir. Miles de escritores con libros publicados abjuraron de sus letras, hicieron votos de no tocar una pluma nunca más, ni para firmar un documento siquiera, y se dedicaron a hacer largas colas para tener el privilegio de admirar esa primera página perfecta del libro de nuestro bienhechor.
Recientemente, una delegación de sabios asiáticos estudió varias páginas del libro, y declararon, por el estudio demiúrgico de la simetría vertical no convencional, que el libro había sido escrito con espacios ideográficos del chino mandarín, y citaban la dinastía. Este atrevido concepto ha hecho que expertos de todo el mundo deseen estudiar a fondo el libro, y hasta unos herejes propusieron una prueba con Carbono 14, sugiriendo que quizás el libro haya sido empezado en Mesopotamia hace unos once mil años, y Rodríguez Madrid solo le hubiese aportado sentido de actualidad y confusa musicalidad.
Mientras la diatriba sigue, yo concluyo su compleja biografía, satisfecho por mi vida, que no ha sido otra que ser el espacio entre palabras del más grande escritor de todos los tiempos.

lunes, noviembre 06, 2006



Apenas salió de las nubes, hizo contacto visual de nuevo.
El piloto hacía alegres cabriolas a bordo de un biplano Antonov An-2 de vibrante color amarillo. Él, a bordo de un Sea Harrier, se colocó detrás y lo apuntó con la mira electrónica hasta tenerlo fijo.
"En este momento, podría mandarte al infierno", pensó; pero no se sentía feliz por ello. Todo lo contrario.
Se olvidó durante un par de minutos que tripulaba un avión de combate y se dedicó a disfrutar las maniobras que el piloto hacía realizar a su máquina, y él le seguía de cerca, aprendiendo.
El piloto se mecía en el aire, retozaba, escribía con caracteres nuevos la alegría de volar.
Tras un rato de persecución en tan dispares modelos de aeronaves -El Sea Harrier parecido a un halcón al acecho tras un pesado pavo amarillo-, el piloto despareció sin aviso.
El chico se quitó el casco y soltó el control inalámbrico del video-juego. Por alguna causa, el piloto se había marchado.
Apagó la TV y empezó a recoger los libros y colocarlos en su mochila, disponiéndose a ir al colegio.

El padre del chico había sido un piloto de cazas en su juventud. Tras retirarse, había trabajado fumigando sembradíos en la frontera. Un día, simplemente se fue y nunca más regresó. Se consiguieron restos de su avión, con impactos de balas de cañón de 20 mm, pero ni rastro de él.
A partir de ese momento su madre se sumió en un luto de ausencia y él se dedicó a jugar en la consola con simuladores de vuelo. Fue desechando el mundo real, los balones, las pelotas, las patinetas y a sus amigos. Ahora transitaba fantasías llenas de balas, misiles, bombas y pilotos virtuales que aparecían y desaparecían, derribaban y eran derribados; hasta que apareció ese misterioso piloto.
Nunca luchaba; se dedicaba a enseñarle piruetas y maniobras desde hacía tres semanas atrás. Cuando otro piloto aparecía en radar, se desconectaba, dejando al chico solo en la batalla aérea. Jamás respondía los saludos en pantalla, pero apenas el chico se conectaba a jugar, su peculiar avión amarillo caía como una lluvia de malabares abriéndose paso entre las nubes.
Los días pasaron, y el chico, a falta de respuestas, empezó a formular preguntas inquietantes:
"¿Cómo sabe cuando me conecto a jugar cada vez? ¿Por qué no responde?".
En el juego en línea, cabía la posibildad de ir cambiando los escenarios de lucha aérea conforme se avanzaba de nivel. Con sorpresa, percatándose de lo que estaba ocurriendo, las preguntas pasaron a un segundo plano cuando descubrió un hecho inquietante: partiendo desde Canadá, donde se habían encontrado por vez primera, cada día, sin prisa, el aviador lo iba acercando ¡a casa! ¿Cómo sabía ese desconocido donde vivía él?
Un día, el chico decidió intentar comunicarse con el misterioso piloto:

Biplano amarillo: ¿quién eres, amigo?

Ni una letra en la pizarra electrónica, ni un brillo.

Amigo, favor identificarse

Nada.
El chico decidió jugarse una carta definitiva:

Si no contestas, no juego más nunca. Voy a abandonar este juego para siempre

La pizarra pareció estar en blanco siglos, mientras el chico contenía la respiración.
De pronto, letras verdes fluyeron de la pizarra.

te necesito no te vayas

¿Quién eres? Identifícate ¿Vuelas hacia mi país?


Si el piloto hubiese sacado la mano de la pantalla para estrechársela, el chico no se habría sobresaltado más.

sígueme campeón

Un año antes de morir, su padre lo había llevado en un avión de fumigación por las afueras de la ciudad. Cada vez que iba a variar la altura de vuelo o realizar una pirueta, le gritaba: "¡Sígueme, campeón!". No podía ser coincidencia.

Conociste a mi papá

Silencio.
Esperó. Nada.
Esperó. Nada.
Frustrado, dejó que el biplano se adelantara.

sígueme campeón por favor

El piloto iba ahora unos 200 km adelante.
Ya casi llegando a la frontera con su país (el chico usaba en pantalla un mapa mixto, político y físico), un tercer avión apareció en el radar.
Esta vez el piloto no apagó el juego, sino que se mantuvo en línea, cosa que no había ocurrido con anterioridad.
Con curiosidad, el chico observó que el recién aparecido aviador giraba y se dirigía hacia el biplano.
La pizarra titiló uregente, manchada de verde:

sos no llevo armamento

El chico, de pronto, sintió que la drenalina le inundaba.
Sin poder explicarlo, supo que ya todo eso no se trataba de un juego, que iba en serio.
El oxígeno, la cabina del avión -un F-22 Raptor-, el traje presurizado, todo era real. De inmediato abandonó el modo furtivo y aceleró la turbina a toda velocidad, soportando la tremenda fuerza G que amenazaba con aplastarlo contra el asiento.
En pocos segundos alcanzó a los dos aviones, uno un grueso y lento cilindro con cuatro alas haciendo lentas cabriolas, el otro un siniestro Mig 35, maniobrando como una golondrina y atacando como un azor.
En la consola, el chico preparó el sistema de misiles aire-aire Sidewinder II y liberó la traba del disparador. Con maniobras certeras, enseñadas por el piloto del biplano, cortó el ataque del Mig. Este lo siguió. El chico esperó a que su Raptor estuviera en la mira, como si de un novato se tratara y, cuando el Mig se estabilizó para disparar, el chico pasó a modalidad furtiva, tras lo cual desaceleró. El Mig, ciego, le pasó a un lado. En menos de tres segundos, lo tuvo en la mira y disparó.
La llamarada de la explosión casi alcanza el fuselaje del Raptor.

gracias hijo excelente

apareció en la pizarra tras unos segundos, en los cuales el chico abandonó la cabina del avión y se ubicó de nuevo frente a la pantalla de la TV.
No respondió.
Atónito, observó como el pesado Antonov aterrizaba en la pista allá abajo, en casa.
Soltó el control y se quitó el casco. Sin apagar la TV, se acostó boca abajo en su cama, y lloró.

El día en el cual el hombre, delgado y enérgico, apareció frente a la casa, llegó finalmente. Y el chico corrió escaleras abajo a recibirle sin preguntas, con la complicidad de un escuadrón que despegó en el pasado hacia un aeropuerto posible.

jueves, octubre 26, 2006

Ejercicio de Autoedición

Dedos adentro
que desean
entre dedos
atrapar dentro
centrada carne
en trampa atrapada
descarnada carne
adentrada
que me atrapa
dediles atados
dedos desgarran
atrapamiento central
agarra en garra
carnívora carne
persigo centrado
atrapando palabra
desgarrada
perseguida,
palabrerío
persecución
de carnada
entrada
persiguiendo
encarnada
centro
desgarramiento
adentro
silencio.

miércoles, octubre 25, 2006

Tarea Comentada

Me invitó Zeucita a cumplir una tarea. Con gusto me pongo manos a la obra.

Se trata de responder un cuestionario empleando la letra de las canciones de un solo intérprete. En estos tiempos retro, escogí al cantante español Raphael, tras dura lucha con mi admirado Carlos Gardel.

1ª- ¿Hombre o mujer?
Yo soy aquel.

2ª- Descríbete.
Prefiero ser un loco soñador
amante de la vida en libertad.
Prefiero ser de fuego y de pasión...
a ser espejo.

3- ¿Qué sienten las personas sobre tí?
De mis ansias y mis sueños...
¿Qué sabe nadie?

4ª- ¿Cómo te sientes?
Soy el mismo.
Un poco más mayor, quizás.
Un poco más cansado, sí.
Pero tengo ilusiones como cuando era un niño
y me doy por entero...

5ª- ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
Un paso por el tiempo sin dejar ninguna huella.

6ª- Describe tu actual relación sentimental.
Si recuerdas los versos de tu infancia.
Si percibes el llanto más callado.
Si percibes el roce de unas manos...

7ª- ¿`Dónde quisieras estar ahora?
Contigo y Aquí.

8ª- ¿Cómo eres respecto al amor?
¡Yo, te amo con la fuerza de los mares!
¡Yo, te amo con el ímpetu del viento!
¡Yo, te amo en la distancia y en el tiempo!
¡Yo, te amo con mi alma y con mi sangre!
¡Yo, te amo como el niño a su mañana!
¡Yo, te amo como el hombre a su recuerdo!
¡Yo, te amo a puro grito y en silencio!
¡Yo, te amo de una forma sobrehumana!

9ª- ¿Cómo es tu vida?
Más dicha que dolor...
más besos y caricias.

10ª- De tener un solo deseo... ¿qué pedirías?
Caminar con alas por el mundo.

11ª- Frase o cita.
¿Qué sabe nadie?

12ª- Despedida.
Las distancias se hacen cortas.

viernes, octubre 13, 2006

Historia Médica VII

La convulsión lo sorprendió antes de saltar en parapente, lo cual salvó su vida. Pero más lo sorprendió saber, días más tarde, mientras pemanecía internado en la clínica, que tenía un tumor en el lóbulo frontal de su cerebro.
A los 31 años de edad, saludable como pocos, profesional y con una gran afición a los deportes de riesgo, le parecía que la vida se había ensañado con la persona equivocada.
Sin embargo, lo peor estaba por venir.

Los médicos le habían advertido sobre posibles trastornos de personalidad, dada la ubicación de la lesión, mas nada se comparaba a lo que le ocurría: al dormir al inicio, y luego incluso despierto, empezó a tener visiones de eventos de un pasado remoto que cobraba vida y sentido en alguna parte de su mente. Soñaba con brumosas batallas marítimas, en las cuales salía herido, con huidas de aldeas incendiadas, con cacerías de animales que apenas podía distinguir, y se veía inmerso en guerras y actos de bandolerismo, y en todas esas ventanas de pasado se veía a sí mismo inmerso en la realidad del momento, como si de pronto pudiese recordar quién fue en vidas pasadas como si recordase hechos recientes.
Alucinaciones pseudo-psicóticas como manifestación paraneoplásica, le dijo el doctor, al tiempo que le lanzaba una de esas miradas tipo pobre-loco-y-yo de-mala-suerte-que-me-tocó.
Pronto tuvo un sueño que lo convenció. En medio de la batalla naval, pudo leer el nombre de la goleta a la cual él y sus compañeros atacaban: Almadia.
Una vez en el museo naval, se enteró cómo los piratas habían hundido el Almadia, una mañana de Mayo de 1787, frente a la rada de La Guayra. Cuando vio el barco que había lanzado el ataque, no tuvo dudas: lo recordaba tan bien, detalle a detalle, como si lo hubiese visto ayer.
Lo que más le desesperaba de su nueva condición es que era ciego al futuro. Solo podía ver jirones angustiantes de sus vidas pasadas, todas ligadas a aventuras y actos extremos, a los cuales siempre había sido aficionado; pero no podía ver nada de los sucesos futuros.
Pasaron los meses, la intervención quirúrgica para remover el tumor detrás de su frente no podía postergarse más.
Con la cabeza rapada entró a quirófano y conoció a su anestesiólogo. Mientras se entregaba lentamente a la inconsciencia de los agentes anestésicos, pudo leer una palabra conocida, inquietante, bordada con caractyeres antiguos en el gorro del médico que se inclinaba sobre su rostro: Almadia.

miércoles, octubre 11, 2006

domingo, octubre 01, 2006

Pitágoras



Parte de la historia de este ser monumental se encuentra perdida en las brumas del tiempo y la leyenda.

Nació en Samos, Grecia, hacia el año 580 antes de Cristo. En su ciudad natal destaca por su inteligencia, siendo enviado a Mileto, a estudiar bajo la égida de Thales, Anaximandro, Frékides y otros.

Aún muy joven, realiza un viaje transformador a Babilonia y Egipto, encrucijadas mercantiles y del saber para la época; posiblemente visitó la India, también. De estos viajes regresa con novedosas ideas matemáticas, astronómicas y, sobre todo, religiosas, además de haber presenciado como la música oriental suena cacofónica a los oídos occidentales, por lo cual intenta darle a la música un sentido matemático puro. "Todo es número", asevera, absolutista. Nace así el pitagorismo primitivo, plétoro de ideas mezcladas orientales y occidentales.

De regreso a Samos, sus enseñanzas secretas, misteriosas, enfrentadas a la tiranía de Polícrates, hacen que Pitágoras emigre hacia Crotón, en el sur de Italia (Magna Grecia), dejando tras de sí algunos alumnos golpeados y sus escuelas incendiadas.

Crotón era rival de Síbaris, cuyos ciudadanos eran dados a la vida dispendiosa y a la ostentación, por lo cual el ascetismo y la vida sencilla de Pitágoras y sus discípulos pronto tuvieron buena acogida en Crotón.

Apenas al llegar, Pitágoras es invitado, siguiendo la tradición, a exponer sus ideas en cuatro discursos por separado: al Senado, a los jóvenes, a las mujeres y a los niños, con un éxito total.

Las escuelas pitagóricas basaban sus enseñanzas en las matemáticas (con carácter de secreto religioso, juramento incluído), la astronomía, la música y la gimnasia. Hoy día, muchas órdenes religiosas, colegios privados y sectas alrededor de todo el mundo, siguen una estructura semejante, incluso prefiriendo a los jóvenes como educandos, a la usanza pitagórica. Por otro lado, las mujeres eran bienvenidas en las escuelas, y aún no importaba la condición social o gentilicio del iniciado.

Pitágoras incluía elementos del folklore religioso de Crotón para sus enseñanzas, y distinguía dos clases de miembros en sus escuelas: los Matemáticos (Mathematikoi = conocedores) y los Acusmáticos u oyentes. Los primeros eran los más jóvenes, iniciados que aprendían a cabalidad la doctrina; los segundos participaban de la hermandad sin conocer sus bases filosóficas. Tras la muerte del maestro, los matemáticos exploraron y modificaron el saber pitagórico, considerándolo susceptible de perfección en base a sus conocimientos. Hipaso, uno de ellos, decidió violentar el secreto de la hermandad y reveló "el secreto de la esfera de doce pentágonos" y las "longitudes inconmensurables", abriendo el conocimiento al mundo; pero fue expulsado de su secta, e incluso cavaron su tumba y grabaron su lápida, simbolizando su muerte, aunque andaba por allí, esparciendo el saber. Los Acusmáticos guardaron inalterado el conocimiento del maestro, y gracias a ellos Euclides conoció el teorema de Pitágoras y otras valiosas adiciones a las matemáticas.

Contemporáneo de Buda y Confucio, Pitágoras creía en un universo armónico, regido por reglas matemáticas. Creía que la Tierra y los demás planetas eran esferas que pendían del vacío a longitudes musicales, por lo cual cantaban al girar todos, incluso el Sol y demás estrellas, alrededor de un fuego celestial. A él debemos el carácter deductivo de la Geometría y su secuencia lógica. Influenció sobre Jesucristo, Beethoven, Galileo, Leonardo Da Vinci (y todos los renacentistas en la búsqueda de la belleza en la armonía), Bertrand Russell y Darwin y los cuáqueros de todos los tiempos. El pentágono estrellado, glifo de la hermandad, y en el cual el Número Aúreo figura infinidad de veces, ha sido adorado y demonizado hasta el cansancio. Introdujo los conceptos de elipse e hipérbole, representó los números triangulares, cuadrados y pentagonales, base de la Teoría de los Números, introdujo el concepto de Gnomón, y sentó las bases matemáticas para la música, al afirmar: "Una cuerda -unidad- reducida a la 1/2, produce una octava al vibrar (Do natural); si vibra a los 3/4, se obtiene la cuarta (Fa); en las 2/3 partes da la quinta (Sol)."

Pitágoras estaba en el colmo de la felicidad: los números implicados en estas proporciones eran el 1, 2, 3, y 4 (Tetraktis), los cuales suman 10, el número ideal que simbolizaba el Universo.

"Ama a Dios sobre todas las cosas. El alma es inmortal y transmuta. Somos de naturaleza divina."

"Nada nuevo bajo el Sol. Ciclos, que se suceden."

"Todos los seres vivos estamos emparentados."

Palabras del maestro.

Los ecos de su sabiduría aún llegan hasta nosotros.

lunes, septiembre 25, 2006

DE REGRESO



Luego de unas vacaciones de 24 días en los Estados Unidos, me siento ante la computadora, ya en casa, y un cúmulo de vivencias atropellan mi mente, pugnando por salir en primer lugar.
Por ello me calmo, me tomo un tiempo para revisar las fotografías, y un recuerdo en especial me asalta. Obviando el orden cronológico, me iré al día que fui al juego de fútbol americano en el stadium de la Universidad de Alabama, sede de la famosa
Crimson Tide, o Marea Roja, en alusión a los colores del uniforme del equipo local.
Llegamos dos horas antes del partido, pues temía yo tener dificultades para alcanzar a tiempo mi asiento (de primera fila, como ven en la foto), al tener el coliseo un aforo de 90 mil almas.
Nada más alejado de la realidad. La mayor parte de los fanáticos llegaron 30 minutos antes de comenzar el partido, y el stadium quedó a desbordar en los 10 minutos siguientes, cuando dio inicio un show memorable, con banda musical, animadores de ambos sexos, y haciendo acto de presencia personalidades ligadas a la historia del equipo, saliendo incluso al campo un ex-jugador de más de ochenta años de edad, y honrando la memoria de un entrenador, Paul Bryant.
El vaso que puede verse en mi mano es un vaso de refresco (no expenden licor), el cual, con mi manía de leerlo todo, tenía escrito entre propagandas, una frase de Bryant que capturó mi atención: "Muestren clase, tengan orgullo y desplieguen coraje. Si lo hacen, la victoria se cuidará por sí misma". Pude ver en esas palabras el sentido de su propia grandeza de los americanos.
Me llamó la atención también ver un juego de intenso roce físico, estrategias semejantes a avances militares, pero a la vez limpio y de pocas lesiones, en el cual hay respeto por el contario.

Tras disfrutar de un vistoso partido que los chicos de Alabama ganaron 13 a 10, y habiendo tenido la extraña sensación de haber estado solo entre una gran muchedumbre, tuve que pensar en mi país, en el cual ir a un evento deportivo es un acto comunitario, en el cual hablamos con los desconocidos a nuestro alrededor, los invitamos a beber, bromeamos, y hasta hacemos nuevas amistades...

¡Feliz de estar de regreso!

miércoles, agosto 30, 2006

HISTORIA MÉDICA VI

1
"¿¡Mi adopción!?", se preguntó el cirujano, mientras veía a la hermosa mañana del hospital ensombrecerse por la pregunta del patólogo.
- Veo que todos en el hospital saben que soy adoptado -dijo, mirando fijamente al patólogo-. Sí, mis padres biológicos fueron opositores al régimen militar de la Argentina. Desconozco cómo murieron, aunque imagino que no fue muy agradable. Mis padres actuales siempre me dicen que yo fui el consentido de sus hijos, pues soy el hijo que ellos escogieron. Los dos hijos previos de mis padres me aceptaron sin mayores problemas, y nos queremos mucho -Sonrió.- Sé muy poco más, excepto que dudo que yo pueda haber sido más feliz con alguien que no sean ellos. Incluso deseaban adoptar más niños, pero no pudieron. Yo fui el afortunado.
El patólogo dejó a un lado el café que no había tocado.
- Le pregunto esto, doctor, porque tengo un caso interesante desde hace una semana, y pensé que Ud. me podría ayudar. Creí que lo de su adopción podría ser de importancia, pero ya veo que no.
- Dígame, amigo, ¿cómo pdría ser de ayuda yo?
Le tendió una carta.
2
La brisa mañanera dificultaba la lectura haciendo ondear como una bandera cansina la hoja de papel desdoblado.
La letra era pequeña, picuda, y la escritura tenía una caída conforme progresaba que hacía las líneas se amontonaran a la derecha.
"Depresión, agresividad", pensó el cirujano mientras comenzaba a leer.
Esta es una decisión personal. Nadie me ha traído hasta esta situación, sino mi propia voluntad. Culpar a terceros sería tentador, pero injusto. No solo se mata lo que más se ama, sino lo que más estorba. Mi vida es el paradigma de esta última categoría. Vivan en paz. Para ello, mi contribución.
El cirujano dobló cuidadosamente el papel y se lo entregó a su colega.
- Usó un arma de fuego de alto calibre.
El patólogo sonrió.
- Una escopeta calibre .12 desde el borde de un edificio de ocho pisos; cayó al pavimento en mala posición. No murió de inmediato. Malo, malo.
- ¿Qué tiene que ver mi adopción con todo esto?
- Él le dijo a su ex-esposa, antes de suicidarse, que iba a pagar algo que le debía a usted, doctor.
El respingo del cirujano agarró por sorpresa al patólogo, aunque lo esperaba.
- ¿¡ A mí!? ¡Vamos a ver a ese sujeto, cadáver o lo que sea!
3
Ya habían salido del Laboratorio de Anatomía Patológica y de las oficinas de la Policía Científica.
Sentados de nuevo en el cafetín, los dos médicos hablaban con calma.
- Ni lo conozco, ni me debía siquiera una consulta -dijo con ironía el cirujano.
El patólogo dejó un billete sobre la mesa y se levantó. Mientras se marchaba, se despidió:
- Estaremos en contacto.
4
Los dedos del médico se deslizaron por el bolsillo de la bata, tocando ese examen laboratorial que era mejor hacer desaparecer para siempre.
Nadie debía leerlo jamás, como si nunca se hubiese realizado.
5
Días antes, el hombre de pie en la cornisa del edificio sintió la brisa nocturna en su rostro.
Mientras acomodaba el cañón de la escopeta bajo su barbilla, no repasaba sus malas acciones ni alguna situación extrema que lo hubiese llevado a ese desenlace. No.
Pensaba en el día que decidió buscar su pasado; el día que fue a la Emergencia del hospital y vio a aquel médico esforzándose por los demás. Oyó las opiniones de sus pacientes, quienes lo estimaban. Estuvo sentado cerca de seis horas en las duras sillas de la Emergencia, tomando una decisión.
A pesar de su vida azarosa, muchas veces ilegal y desordenada, por vez primera sintió alegría verdadera.
Y no tenía fuerzas ni coraje para arruinar esa placentera sensación.
Aunque tendría mucho qué decirle, no iba a arruinar más vidas. Y menos la de esa persona maravillosa de la cual se sentía hoy parte.
Por ello buscó en su ratonera la escopeta que escondía siempre cargada, escribió una breve misiva, la cual dejó en el bolsillo de su raído pantalón, y llamó a su ex-esposa, a pedirle perdón y a despedirse.
Mientras apretaba lentamente el gatillo, el hombre supo que lo mejor era que nadie supiera jamás que el cirujano, ese hombre de bien, tenía un familiar con una vida azarosa, marginal, un hermano al cual nunca iba a conocer...

sábado, agosto 26, 2006

"Ego te Absolvo". Oscar Wilde

Nace en 1854, en Dublín, Irlanda.
Durante su infancia ya sus dotes intelectuales descollaron, por lo cual ganó numerosos premios y fue becado, entrando al Magdalen College de Oxford. Allí ingresa en los movimientos estético y decadente, se deja crecer el cabello y empieza a vestir ajustados pantalones de gamuza y a decorar su habitación con flores, plumas de pavo real y porcelana erótica. Además desdeñó los deportes "masculinos" de la época y adoptó un habla mordaz y aguda; nada de lo anterior le granjeó muchas amistades, y tuvo que sufrir en varias ocasiones la destrucción de sus habitaciones del Magdalen (las cuales se usan hoy día como Recepción) y alguna zambullida en el helado río Cherwell. Sin embargo, en ciertos estratos sociales, el esteticismo caricaturizado en la actitud lánguida y la vestimenta estrafalaria se abrieron camino gracias a la perseverancia estoica de Wilde.
A los 22 años conoce al pintor Frank Miles, y se hacen amantes en secreto casi de inmediato.
Después de graduarse - y sobrevivir - en el Magdalen College, Wilde regresó a Dublín, donde conoce a a Florence Balcome, de la cual dice enamorarse. Pero la dama inclina la balanza de sus afectos hacia Bram Stoker (Sí, ese Bram Stoker), por lo cual Wilde jura no regresar nunca más a su tierra natal, aunque incumplió en par de ocasiones dicha promesa.
La opereta Patience, la cual caricaturizaba al esteticismo con alusiones a Wilde, tuvo tal éxito en New York que un empresario envía al dramaturgo de gira por los Estados Unidos en una serie de conferencias, para que el público de esas latitudes conociera al personaje y éste le abriera las puertas a la obra.
De regreso en Londres, ya en 1884, conoce y se casa con una acaudalada Constance Lloyd, hija de un consejero de la reina; su dote le permitió vivir con holgura. Tuvieron dos hijos y pronto se divorciaron.

Debido a su relación con lord Alfred Douglas, fue acusado de sodomía por el padre de su amante, el marqués John S. Douglas, y condenado a trabajos forzados durante dos años. Y lean bien, que trabjos forzados en esa época no era un eufemismo.
Antes de continuar me pregunto yo: ¿No era igual de homosexual y de sodomita el conspicuo Alfred? ¿El marqués reaccionó por el bien de su hijo o por guardar las apariencias y salvarse del escarnio público?
El 14 de Mayo de 1897 Wilde fue puesto en libertad, y ocultó su desgracia cambiando su nombre al de Sebastián Melmoth. Siete meses más tarde, lord Alfred se cansa de él y lo abandona, y Wilde se marcha a París hecho una ruina.
El chico mimado por la élite victoriana de la época, una suerte de bufón genial para aquellos cuya moral hipócrita no pudo ni supo apreciar, falleció en un hotel parisino de meningitis, el 30 de Noviembre de 1900.

"- ¿Por qué no haces como el Príncipe Feliz?- preguntó la sensible madre a su hijito, quien lloraba por la Luna- El Príncipe Feliz jamás soñaría con llorar por nada."
"- Me consuela saber que hay alguien en el mundo que es inmensamente feliz - murmuró un hombre desilusionado mientras miraba fijamente la maravillosa estatua."
"- Parece un ángel - dijeron los Niños de la Caridad al salir de la catedral (...)
- ¿Cómo lo saben, si nunca han visto uno? -preguntó el Maestro Matemático.
- ¡Ah!, lo hemos visto en sueños- respondieron los niños, y el Maestro Matemático los miró severo y ceñudo, pues desaprobaba los sueños en los niños."
Extractos de El Príncipe Feliz.

Selecciono aquí algunas de sus menos mordaces pensamientos:

"A veces podemos pasar años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un instante."

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir, y decirlo."

"Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen."

"Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve."

"Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón."


Siete años después de la muerte de Wilde, el Nobel de Literatura recae en uno de los más altos exponentes del colonialismo inglés, Rudyard Kipling, defensor de la "carga del hombre blanco", la cual consiste en el duro trabajo de los países civilizados para someter al colonialismo a los atrasados pobladores de Asia, América y Africa.